De Juan Carlos Romero Hicks se han tejido las más grandes hazañas, pero también las más lamentables decepciones. Hay quienes lo adoran por su mochila al hombro, pero también hay quienes lo desdeñan por su ausencia o por sus aires aburguesados que esquivan el saludo de las y los mortales que no pisan los mármoles universitarios.
Los idólatras del período faraónico del panismo lo elevan a los altares. Lo llaman académico, erudito, elocuente, sabio e intelectual.
Pero en la calle, donde el viejo panismo nunca está, lo perciben como indiferente, apático y lejano. Es el diputado totalmente ausente.
Romero Hicks, ex rector de la Universidad de Guanajuato (1991-1999), es hoy día diputado por el octavo distrito (Guanajuato y un buen cacho de Silao).
Representa a Guanajuato y a Silao, pero en Guanajuato se le ve realmente muy poco y a Silao jamás volvió.

En colonias como la Solidaridad o Villas de Guadalupe y en comunidades como Velarde o Aguas Buenas sólo apareció en campaña para pedir el voto y jamás regresó. Romero Gris jamás volvió al territorio que sólo en papel representa. En el caso específico de Silao, sólo ha llegado de pasadita a tres ceremoniales —y por inocultable obligación protocolaria—: al 50 aniversario de la Prepa Oficial (el 4 de agosto de 2025); a un acto académico de la Universidad Politécnica del Bajío (10 de octubre de 2025) y al primer informe de la alcaldesa de Silao, Melanie Murillo (22 de septiembre de 2025). De ahí en fuera, jamás ha pisado territorios ajenos al dominio político de la burguesía panista.
El sentimiento de abandono crece entre la ciudadanía que sigue lamentando la falta de cercanía, gestión y resultados visibles por parte del legislador, a quien están señalando por mantenerse alejado de las problemáticas reales que se enfrentan en las colonias y las comunidades de Silao que le toca representar.
A Silao llegó un par de veces, prometió, se tomó la foto y desapareció. En Juan Carlos aún persiste la incoherencia entre el discurso de su campaña gris y el total abandono que hoy sufre su distrito. Nunca ha convocado a encuentros públicos para escuchar a la gente y nunca de los nuncas ha vuelto para saludar a la gente que desinteresadamente votó o sintió compasión electoral por él.
Lo triste y lo grave no sólo es que no vuelva ni por una nieve de limón, sino que parece haber olvidado por completo quiénes lo llevaron al cargo. Las ganas de caminar por el territorio no sólo se pueden limitar a los tiempos electorales, pero las vegetativas ganas de no tener ganas sí se están dando en Romero, un diputado indiferente que jamás volvió.




